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MANIFIESTO DE LA FEDERACION DE MUNICIPIOS LIBRES DEL
PERU
A finales del siglo XX se nos dijo desde países
desarrollados del Norte que la democratización
generalizada era un acierto pero que la estabilidad de
nuestras sociedades hacía conveniente una cierta
apatía democrática, un cierto conformismo
participativo que se limitara al simple acto del voto
como a la elección de representantes en los poderes
del Estado cada cierto tiempo.
En América Latina tal práctica ha producido en los
últimos años un enorme crecimiento de la pobreza,
vinculada a cierto desengaño democrático al contemplar
parecidas prácticas caciquiles y olígárquicas
enmascaradas bajo la túnica de la legitimidad
democrática.
La elección regular y libre de los gobernantes es muy
necesaria, pero no para convertirlos en soberbios
caudillos, dotados de plenos poderes a ejercer a su
antojo, amputando nuestra dignidad de ciudadanos que
va unida a la participación crítica y continúa en las
cuestiones que afectan a la comunidad a la que
pertenecemos.
Esa comunidad de comunidades que .es la nación-Estado
se apoya en sus cimientos más resistentes que son los
Municipios, hijos mestizos de la comunidad andina y
del cabildo hispano, espacio de ciudadanía donde se
ejerce el primer y fundamental protagonismo político,
social, educativo, económico, de donde surge las
conciencias personal y colectiva de pertenencia e
identidad a esa institución colectiva que construimos y
realizamos entre todos.
Por ello, no queremos ser tutelados como menores
incapaces -excepto de ejercer el sufragio de tiempo en
tiempo- sino asumir la responsabilidad de toma de
decisiones que afecten a nuestra convivencia colectiva
y de emprender los pasos para superar el
subdesarrollo, la pobreza, la desigualdad y la
injusticia.
Esta tarea es obra de todos
Si los pueblos viven como propios los fines y
prioridades de su quehacer colectivo, los hacen suyos
y los acompañan, los vigilan y controlan en su camino
desde el inicio hasta la culminación, involucrándose
incluso en su construcción efectiva, sólo de este modo
podrán alcanzarse plena y eficazmente. No hay plan que
se cumpla sin el compromiso, el ánimo y entusiasta
acompañamiento de quienes son sus destinatarios.
Necesitamos por tanto empezar -al contrario de los
planes políticos habituales- desde adentro y desde
abajo, desde lo pequeño e inmediato, desde esas
comunidades a escala humana que son las ciudades
pequeñas y medianas o los barrios de las grandes, que
son entornos entrañables y conocidos, en donde las
relaciones entre personas tienen nombres, son de
carne, sangre, de limpias miradas a los ojos, en donde
es una realidad cotidiana la convivencia ciudadana
frente a las "muchedumbres solitarias" de las grandes
ciudades, de los Estados estables y desarrollados,
plagados de temores e indiferencias.
1°. LA DIMENSIÓN POLÍTICA DE NUESTROS MUNICIPIOS
LIBRES
Hemos de volver a la tradición del cabildo abierto en
donde ningún ciudadano puede desentenderse de la
suerte de su comunidad, ni dejar de estar presente,
una vez elegidos los representantes legales.
Al contrario, la ciudadanía tiene la capacidad de
hacer propuestas de nuevas ordenanzas, o la iniciativa
para la supresión de las que no funcionen o recurrir
al referéndum municipal para la toma de decisiones de
especial trascendencia. E incluso revocar aquellos
dirigentes contaminados de tentaciones de cacique
despótico.
En donde nadie se sienta ajeno a la suerte de la
comunidad y esté dispuesto ante el llamamiento para
desempeñar alguna responsabilidad comunitaria en
algunos momentos de su vida.
2°. EL MUNICIPIO LIBRE ES UNA COMUNIDAD DE LIBRES
En el Municipio Libre la participación cooperativa
debe ser un acto voluntario de conciencia y
responsabilidad libre.
El MUNICIPIO LIBRE
debe ser un espacio de experimentación social en
donde se reconozca también el derecho a ser
diferencial, desde el respeto mutuo hasta la
tolerancia hacia las minorías y las diversas opciones
personales.
Ahora bien, el vecino a la hora de trabajar con los
otros vecinos en esa actividad mutualista de crecer y
mejorar la comunidad, tendrá que dejar temporalmente
de lado su camiseta ideológica y partidista -a la que
tiene derecho- para no interferir ni debilitar la
acción social comunal del Municipio Libre.
Debemos empezar por la educación, la cultura y los
valores.
Eduquemos desde niños para la cooperación y la ayuda
mutua y no para el enfrentamiento o la comparación
odiosa y agresiva. Eduquemos para ser merecedores de
integrarnos en esa comunidad de libres que supone una
disposición ciudadana a asumir alguna disposición
social, y entregar su dedicación y experiencia durante
cierto tiempo a la comunidad, en una rotación de
dedicaciones a la que ningún ciudadano, excepto el
discapacitado, será ajeno.
Deberíamos rescatar aquel viejo principio de las
culturas basado en la reciprocidad de donaciones según
el cual el más generoso en la entrega es el que
adquiere mayor prestigio y autoridad moral en la
comunidad, y provoca comportamientos recíprocos de
donación.
La cultura común se enriquece con las aportaciones
recíprocas, con la suma de esfuerzos y se empobrece
con los enfrentamientos.
Mantengamos en el corazón de nuestros vecinos y
ciudadanos la pasión por la libertad y la justicia
aunque sea en forma resistente, con ese silencio tenaz
de nuestros campesinos luchando por sus tierras,
ocupando a,veces otras arrebatadas o abandonadas en
una suerte de "quijotismo coral" tan admirable como el
"profético"
Este nivel de autoexigencia se inicia también en la
relación entre saberes y profesiones. Si cada uno de
nosotros en el ejercicio de nuestro oficio o profesión
nos exigimos una máxima calidad, una máxima dedicación
y rigor, como consecuencia de nuestro deber
profesional vivido como tarea bien hecha y de precio
justo, surgirá el mejor ejercicio de los derechos de
los demás, sin necesidad de reclamos sino como
consecuencia natural de esa reciprocidad de deberes.
Uno de los desafíos pues de nuestra Federación para
resolver carencias de profesionales necesarios a
nuestro pueblo y Municipios, tendrá que empezar por
enseñar esta ética de las profesiones.
3°. NO ESTAMOS SOLOS Y SOLOS PERECEREMOS
Tenemos vocación federativa e integradora
La Federación de Municipios libres es un organismo
vivo, palpitante, en donde todas sus células y
sistemas acuden en auxilio del miembro en peligro o
con riesgo. Su peligro es peligro para todos. Su mejor
defensa es crecer en cantidad y calidad. Organizar
servicios públicos y sociales de acción compartida,
mediante la creación de asociaciones de Municipios
libres, en ámbitos locales, regionales, nacionales
hasta llegar a una convergencia operativa
iberoamericana y una disposición abierta a cooperar
con Municipios inspirados de tales principios, de
cualquier rincón del mundo, es su quehacer
permanente.
El rescate de la ciudad para la comunidad de hombres y
mujeres libres debe tener un espíritu contagioso y
propagandista de esa estrategia de supervivencia
cooperativa y compartida.
No pretendemos ni sustituir ni suplantar al Estado
Aplicar, sin embargo, un principio de subsidiaridad
según el cual todo lo que podamos hacer en la escala
local o regional no debe decidirse en la escala
nacional. Primero, por un principio de eficacia
política, y segundo, por un principio de
favorecimiento de la participación ciudadana como
elemento fundamental de la dignidad política y del
sentido de la libertad.
El problema de nuestra sociedad es el de sus profundos
desequilibrios sociales, económicos, culturales, pero
también institucionales. Esa macrocabeza estatal que
todo lo quiere dirigir, que todo lo quiere tragar es
algo grotesco y enfermizo, pero además, profundamente
ineficaz.
Hemos de ir a una descentralización cooperativa
auténtica en donde el nuevo equilibrio implique una
cooperación igualitaria entre el Estado y los
Municipios.
"Una verdadera estructura federal -escribía el
Profesor argentino Frías- coordina sin especular,
controla sin anular, promueve sin marginar, ayuda sin
presionar".
El Gobierno Central será supremo en lo suyo, pero
subsidiario en la esfera de los Municipios y de las
Regiones.
4°.
AUTONOMIA MUNICIPAL Y FINANZAS
MUNICIPALES
La autonomía municipal debe alcanzar a los medios
financieros y tributarios para la realización de
servicios eficaces y dignos y las políticas de
inversiones necesarias. Con el fin no sólo de mejoras locales y espacios públicos sino también para
aplicar las políticas sociales de lucha contra la
pobreza que no debe consistir únicamente en la entrega
paliativa de alimentos, medicinas o ropa y la mejora
de viviendas, sino dar a nuestros vecinos más
necesitados, mediante la formación y la enseñanza
.intensiva, la oportunidad de recobrar la dignidad de
protagonistas en ese proceso social de salvación y
recuperación.
El Municipio en colaboración con asociaciones locales
y organizaciones no gubernamentales puede ser un
exelente prornotor de desarrollo socio económico, mas
aun, su conocimiento de las necesidades y de las
técnicas disponibles junto con el trabajo comunal
constituye un método eficaz, con inversiones
limitadas, para alcanzar sus objetivos.
El presupuesto municipal debe ser transparente y en la
política de inversiones se debe seguir el ejemplo del
"presupuesto participativo", iniciado en Porto Alegre
(Brasil), con lo cual toda la comunidad mediante un
sistema de ponderación de votos y a través de los
barrios y distritos, interviene para fijar las
prioridades y siente como suyos tales proyectos.
La penuria económica de los municipios es un grave
error. Las Cajas de Ahorro Municipales deberían ser
promotoras, con el apoyo del Estado, de un sector de
Economía Solidaria que integre con recursos
suficientes a sectores populares propietarios de
empresas asociativas y familiares tanto debidamente
constituidas como participes aun en la economía
informal.
La política de desarrollo social parte en estos casos
de un mejor conocimiento de la realidad a fin de
invertir primero donde es más urgente y necesario. El
Municipio es la primera trinchera para combatir la
pobreza.
Tanto en los órganos de planeación nacional como en el
Ministerio de Economía y Finanzas, deben existir una
representación significativa del conjunto de los
Municipios.
5° GARANTIAS CONSTITUCIONALES
Necesitamos un sistema de garantías para que esta
reconstrucción de la sociedad política desde sus
cimientos municipalistas no se resquebrajen. Los
municipios deben poder recurrir al Tribunal de
Garantías Constitucionales en aquellos conflictos de
competencias que afecten a su autonomía.
Tal vez sería necesaria una reforma constitucional
para dejar sentado en la Ley Fundamental la existencia
de una Cámara Alta parlamentaria de representación
territorial en donde los Municipios tuvieran una
participación mayoritaria.
Necesitamos un Sistema
Nacional de Judicatura formado por
funcionarios independientes, imparciales y
competentes, reclutados de forma objetiva por sus
méritos y honestidad que garanticen a los ciudadanos y a las instituciones municipales la
equitativa resolución de recursos en defensa de sus
derechos y libertades fundamentales.
Habrá que conocer a las comunidades campesinas y
nativas la vigencia de su derecho consuetudinario y la
capacidad de jurisdicción interna, aunque con
garantías de recurso.
Tal vez para que la eficacia y funcionalidad de este
mecanismo decisivo de garantía opere, podríamos
empezar por autorizar y legalizar la figura del "Juez
de Paz", elegido por cada comunidad municipal, entre
aquellas personas "buenas y justas", con capacidad de
decidir tanto como árbitro y amigable componedor,
ejerciendo el don de la palabra, como verdadero juez
que resuelve un conflicto hasta cierto nivel de
cuestiones litigiosas y respaldado no sólo por la
autoridad moral sino por toda la Municipalidad para el
cumplimiento de sus decisiones.
Otra institución de garantías ciudadanas a. establecer
es el "Defensor del Pueblo
Municipal", que actúe en estrecha
colaboración con el "Juez de Paz", acoja las quejas
de los vecinos y se dirija a los funcionarios de la
administración local para canalizar justas
reclamaciones de éstos y les apoye en la tramitación
de los recursos o quejas ante instancias superiores,
promoviendo si es. necesario, acciones populares en
tal sentido. Su elección debe ser popular y
democrática, por toda la comunidad.
Tales cargos deben ser honoríficos o tener únicamente
la recompensa de los jornales o salarios no cobrados
durante el tiempo de dedicación, para mantener su
independencia, con garantía de conservar su puesto de
trabajo, pero sin ser excesivamente oneroso para la
comunidad.
ARGUMENTOS FINALES
Es cierto que todo no se puede hacer desde el
Municipio, pero se puede hacer mucho más y mejor.
A principios del siglo XIX, en los albores de las
independencias nacionales en el continente, se
escribió un libro, "El Evangelio Americano", del
chileno Francisco Bilbao, que ya defendia
“construir
una Federación Libre de
Municipios libres como el mejor modo de
organizar la independencia en las tierras americanas.
En Venezuela otro hombre notable, Francisco de Miranda
defendía ideas semejantes por la misma época, que
chocaban con el autoritarismo de algunos de sus
contemporáneos. Apoyaba también la unidad fundamental
de los hispanos, cualquiera que fuera su lugar de
nacimiento. Tal vez intuía ya la emergencia de esa
"raza cósmica" -así denominada por el mexicano
Vasconcelos- que expresa el valor añadido de esa
simbiosis mejorativa del mestizaje físico,
psicológico, cultural creado en este Continente de la
Esperanza.
Por su parte, en el Perú en 1873 Manuel Pardo bosquejó
una política descentralizadora creando los Consejos
Departamentales. Luego Nicolás de Piérola postuló la
forma federativa para satisfacer nuestras necesidades
de hoy y de mañana; pero es José Carlos Mariátegui
quien advirtió que un regionalismo que se contente con
la autonomía Municipal no es un regionalismo.
A aquellos que quieran desanimarnos, que quieran
desmovilizarnos, con la acusación de ser un sueño
utópico nuestra iniciativa, podríamos contestarles con
las palabras de Miranda al final de su vida: "sólo lo
imposible es razonable".
En estas tierras andinas, abiertas y dispuestas a
entrelazarse con las otras tierras hermanas de Améríca
Latina, con sus hombres y mujeres, se levanta ahora
esta bandera federal de los
MUNICIPIOS LIBRES DEL PERU. Tenemos la
firme voluntad de no arriarla hasta verla ondear en
los lugares de honor de todas nuestras ciudades y
comunidades.
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